Una vela no fue suficiente. Eran demasiadas voces pidiendo justicia. Demasiado tiempo. Demasiada impunidad. Por eso luego fueron diez y sumaron veinte y muchas más. Emocionadas, sensibles y con la memoria incorruptible. Como lo habría hecho Ana González en su momento. Como siempre lo hacía.

Por eso la importancia de encender más velas. Para iluminar la Memoria. Para recordar los 50 años del secuestro de la familia de Ana González: sus hijos Luis Emilio y Manuel, su nuera Nalvia Mena Alvarado (quien estaba embarazada al momento del secuestro) y finalmente su esposo Manuel Recabarren Rojas.

Por ellos y también por las 78 víctimas de la dictadura civil militar en San Joaquín, todas ellas representadas en el Memorial ubicado en Santa Rosa con Sebastopol, precisamente donde este 29 de abril fue la velatón para conmemorar los 50 años del secuestro y desaparición de la familia Recabarren González.

Por eso una vela no fue suficiente. Llegaron muchas más. Con sentimiento, con Memoria y el irrenunciable compromiso con los Derechos Humanos.

EL VUELO
Aún más profundo fue el sentimiento de encontrarse en la esquina del Memorial, donde todavía está el plinto o base que sostenía a la escultura “El Vuelo”, del creador pampino Lautaro Díaz Silva. La obra, inaugurada en 2010, fue cobardemente vandalizada a fines del año pasado. No una, sino tres veces. Hoy ya no están las clásicas palomas entrelazadas de “El Vuelo”.

Como tampoco está su autor, Lautaro Díaz. Murió en Barcelona, España, esperando noticias de una eventual restauración de “El Vuelo”, pintando obras relacionadas y siempre comprometido con la Memoria y los Derechos Humanos.

Por eso la importancia de la velatón conmemorativa de este 29 de abril. Para sustituir por un momento las palomas ausentes por la luz de las velas que se fueron congregando al sonido del canto y la guitarra, como también la poesía y el sincero homenaje.

TEATRO, VOZ Y RESISTENCIA
También fue especialmente emotiva la presencia de la compañía de Teatro Perro Viejo, con una puesta en escena que no sólo emocionó a las personas presentes –no pocas, por cierto-, sino también aportó con arte y sensibilidad un momento de reflexión, un texto narrativo a flor de piel y con esa profundidad y presencia que evocó la historia de Ana González, su familia y su larga lucha por verdad y justicia.

Así también el momento en que un antiguo transmisor reprodujo parte de un discurso de Ana González. Escuchar su voz reforzó su presencia en ese momento, su sentido de lucha y dignidad, su buen humor y persistencia, todas aquellas fortalezas que la convirtieron en un icónico símbolo de la lucha contra la dictadura.

Por cierto, también los cantores populares, los discursos de homenaje, las anécdotas abrigadas de recuerdos y las palabras de agradecimiento de Patricia Recabarren. Simples, precisas y oportunas: por cada vela, una luz de resistencia.

Porque la memoria resiste. De eso estamos claros y así quedó demostrado en la velatón conmemorativa. La Memoria es una lucha constante, de por vida y sincera, como la sonrisa de Ana González, como su ejemplo para Chile y las nuevas generaciones.
