Fue mucho más que una jornada cultural: fue un espacio de encuentro donde la palabra, el arte y la memoria se entrelazaron con fuerza y sentido. Libros, teatro y voces diversas confluyeron en una experiencia compartida por personas de todas las edades, reunidas en torno a un propósito común: resistir al olvido, quebrar el silencio y sostener viva la memoria.

“Letras que resisten: Literatura, Memoria y Derechos Humanos” no fue solo un título, sino una declaración. Un encuentro impulsado por la Corporación 3 y 4 Álamos en el marco del Día Internacional del Libro, que transformó el Sitio de Memoria Campo de Prisioneros y Prisioneras Políticas Tres y Cuatro Álamos en un espacio de reflexión activa, donde cada palabra abrió preguntas, cada testimonio conmovió y cada gesto convocó a la conciencia.

HISTORIA Y TESTIMONIOS

La jornada estuvo marcada por la presentación de obras que dialogan profundamente con nuestra historia reciente. El libro “Historia pública del nunca más en Chile. Foco y fuera de campo de los derechos humanos (1990–2025)”, de Pablo Seguel, dio lugar a una conversación abierta, lúcida y necesaria entre el autor y los asistentes, extendiendo sus páginas hacia un intercambio vivo de ideas y experiencias.

De igual forma, “Testimonios silenciados de mujeres víctimas de violaciones de derechos humanos en dictadura”, de Carmen Pinto Luna, abrió un espacio de escucha profunda y emotiva. Las voces de mujeres sobrevivientes resonaron con dignidad y fuerza, recordándonos que la memoria no es solo pasado, sino también una urgencia presente.

EXPERIENCIA COMPARTIDA

La Compañía de Teatro Perro Viejo aportó una dimensión sensible y conmovedora a la jornada. A través de lecturas dramatizadas, dieron vida a “Ellas, la grieta que respira furia”, una puesta en escena que hizo vibrar las palabras en el cuerpo, transformando la literatura en experiencia viva y compartida.

Como parte esencial del encuentro, las visitas guiadas ofrecieron un recorrido por la memoria encarnada en el espacio, mientras los asistentes tuvieron la oportunidad de encontrarse y reencontrarse en torno a aquello que nos convoca: la literatura, el arte y el compromiso con los Derechos Humanos.

Porque en cada conversación, en cada lectura y en cada gesto compartido, se reafirma una certeza: la memoria no es un acto del pasado, sino una práctica viva que se construye colectivamente, día a día.