Cuando estaban cortando las palomas en la esquina de Sebastopol con Santa Rosa –San Joaquín-, no pensaron siquiera que el tajo dolería en todo Chile. La violencia, el maltrato, la agresión cobarde y premeditada.
Dolería también en el Memorial de Paine, en Villa Grimaldi, 3 y 4 Álamos, Chacabuco y en Varas Mena 417. También en el Cerro Chena y en el Cuartel Borgoño. En el Instituto Nacional de los Derechos Humanos y en todo Chile.
Cortar las palomas. De noche. A escondidas y sin dar cara. Es extraño. Recuerda esas prácticas típicas de los agentes de la dictadura civil militar. Cobardes. Sin sentido de humanidad. Violadores de los derechos humanos. Confesos partidarios de gobernar por intimidación. Sutil o brutal. Depende de la ocasión.
La misma sensación provocó esta semana descubrir que se habían robado parte del Memorial a las Víctimas de Derechos Humanos en San Joaquín. Cortaron tres de las cuatro palomas que componían la obra de Lautaro Díaz: “El Vuelo”, en memoria de las 78 personas víctimas de la dictadura en San Joaquín.
HISTORIA
Pero “El Vuelo” no es sólo eso. Las cuatro palomas son un símbolo que nos une y entrelaza. Es también la memoria y el lugar donde secuestraron a los hermanos Luis Emilio Recabarren González (29 años) y Manuel Guillermo Recabarren González (22), junto a Nalvia Rosa Mena Alvarado (20), sin respetar siquiera que estaba embarazada.
Luego se suma el secuestro de Manuel Recabarren Rojas. El padre. Salió a buscarlos y también fue detenido. Hasta hoy está desaparecido. Desde entonces la madre, Ana González, se convirtió en un símbolo de todos los familiares de víctimas de violaciones a los derechos humanos en la dictadura de 1973 a 1989.
Su rostro era y es sinónimo de justicia. No sólo pedirla. También ofrecerla. Siempre y sin perder el coraje ni la persistencia. Fue su vida. Su legado. Murió el 26 de octubre de 2018, a los 93 años, sin conocer el paradero de sus familiares desaparecidos.
Pero no murió el respeto y tremendo ejemplo de vida que significa su figura.
Precisamente, contra ella también estaban atentando la noche en que cercenaron las palomas del memorial. Contra ella, contra todos y todas quienes comprenden que el respeto de los derechos humanos es la mejor garantía de convivencia, democracia y gobernabilidad en Chile.
Pero eso no lo pensaron quienes se esconden para dar el golpe, los que prefieren taparse en la oscuridad y la noche, los que secuestran a mujeres embarazadas, los que pierden el sentido de humanidad y son capaces de robar la memoria de una mujer. De Ana González.
Contra ella fue también la agresión. Contra Chile y el sentido de humanidad.
OTROS CASOS
Para la diputada Alejandra Placencia, “estos actos son típicos de aquellos grupos que permanentemente intentan borrar la historia de nuestro país y sobre todo generar temor. Instrumentalizan el miedo como arma política y niegan las violaciones a los derechos humanos”.
“Intentar borrar los sitios de memoria, que son en recuerdo y conmemoración de víctimas de la dictadura, es también atentar contra la democracia que tanto nos costó construir. Por eso no podemos quedarnos inmóviles frente a esto. Hay que fortalecer las redes de organizaciones y exigirle protección a la institucionalidad, como también que se persiga a quienes cometen estos atentados”, añade.
La diputada también destaca que no es el primer memorial o sitio de memoria que ha sido vandalizado en los últimos meses. Así también ocurrió con la ex Clínica Santa Lucía en reiteradas ocasiones. Lo mismo ha ocurrido con la Casa Memoria José Domingo Caña.
Suma y sigue la impunidad, tan sigilosa como peligrosa, tan propia del negacionismo.
ACTO DE
REPARACIÓN
Por lo mismo cobra importancia la postura de la concejala Monserrat Muñoz, abierta partidaria de iniciar una querella por parte del Municipio de San Joaquín, de modo de perseguir a los culpables y hacer justicia.
La misma justicia que durante toda su vida pidió Ana González. Lo menos que podemos hacer es respetar su deseo y convocar.
Convocar no sólo a los vecinos de San Joaquín. A todo Chile. A la Red de Sitios de Memoria, al Instituto Nacional de Derechos Humanos, a todas las colectividades que garantizan una democracia respetuosa con los derechos humanos, que es la única democracia posible.
Una convocatoria que está abierta, como también la idea de hacer un acto reparatorio en el Memorial a las Víctimas de Derechos Humanos en San Joaquín. Por las víctimas, por Ana González, por las nuevas generaciones y por un Chile sin violadores de los derechos humanos, sin cobardes que se esconden en la noche.
Por un Chile que permita no perder “El Vuelo”, la memoria y el respeto. La historia de su pueblo y su gente, sin más palomas cortadas, ni memorias cercenadas.


