Hace 51 años comenzó a ejecutarse uno de los montajes de desinformación más crueles de la dictadura civil militar chilena: la Operación Colombo.

El 15 de julio de 1975 apareció en Argentina la revista Lea una publicación creada exclusivamente para difundir una mentira. Días después otro medio en Brasil completó el montaje.

Entre ambos publicaron una lista de 119 chilenas y chilenos, afirmando falsamente que habían muerto en enfrentamientos o producto de disputas internas de sus propias organizaciones políticas.

La verdad era muy distinta: la mayoría había sido detenida por agentes de la DINA, sometida a torturas y hecha desaparecer en Chile. Sus familias ya los buscaban desesperadamente y existían numerosos testimonios que acreditaban su detención.

CONTRA LA SOCIEDAD

La Operación Colombo no buscó solamente ocultar un crimen. Pretendió destruir la confianza en la verdad, instalar el miedo y hacer creer que las víctimas eran responsables de su propio destino.

Fue una operación de guerra psicológica dirigida contra las familias, contra la sociedad chilena y contra la memoria colectiva. Se intentó hacer desaparecer a las personas, pero también hacer desaparecer la evidencia de los crímenes y toda posibilidad de exigir justicia.

3 Y 4 ÁLAMOS

Muchos de los hombres y mujeres cuyos nombres aparecieron en esas listas habían permanecido secuestrados en distintos centros clandestinos de detención. Entre ellos, hubo personas que estuvieron recluidas en el campo de concentración 3 y 4 Álamos, donde fueron vistas con vida por otros prisioneros y prisioneras antes de desaparecer definitivamente.

Sus testimonios fueron fundamentales para desmontar la mentira oficial y demostrar que el Estado había construido un montaje para encubrir las desapariciones forzadas.

MEMORIA Y COMPROMISO

Desde el Sitio de Memoria Campo de Prisioneros y Prisioneras Políticas Tres y Cuatro Álamos, recordar la Operación Colombo no es solamente conmemorar un hecho del pasado.

Es reafirmar el compromiso con la verdad, con la memoria y con los derechos humanos. Cada nombre, cada historia y cada testimonio nos recuerdan que la democracia también se construye defendiendo la verdad frente al negacionismo y preservando la Memoria de quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado.

Porque la Memoria no pertenece únicamente a quienes vivieron esos años. Es un legado para las nuevas generaciones. Mientras exista Memoria, la mentira nunca tendrá la última palabra. Y mientras sigamos nombrando a los 119, seguirán presentes en la conciencia de un país que aún tiene el deber de recordar, de buscar justicia y de afirmar, una y otra vez, que “Nunca Más”.