
…y es un mensaje hermoso. Tan hermoso como la buena memoria. Dice lo siguiente:
“Mi nombre es Nieves Ayress Moreno. Soy sobreviviente del campo de concentración de 3 y 4 Álamos, específicamente de la barraca de mujeres.
Fui detenida junto a mi padre, Carlos Orlando Ayress Soto, y mi hermano menor Carlos “Tato” Ayress Moreno.
Junto a otras compañeras fui una de las primeras en llegar al campo de concentración en junio de 1974… y de las últimas en partir en diciembre de 1976.
Después de 53 años nos reunimos los seis hermanos -este 10 de enero del 2026-, en el Sitio de Memoria Campo de Prisioneros y Prisioneras Políticas Tres y Cuatro Álamos. Somos:
Alex, Rosita, Amalia, Carlos José, Carlos “Tato”, Virginia y yo, Nieves.
Lo hicimos para honrar a nuestro padre, Carlos Orlando Ayress Soto, y nuestra madre, Virginia Moreno Véliz.
Y a todos y todas las personas que fueron prisioneras, desaparecidas y asesinadas por la dictadura civil militar de 1973 a 1989.
Con todas la fuerzas de la historia. Hasta que la dignidad se haga costumbre”.

POR USTEDES Y CON USTEDES
Por cierto, también nos escribe –a todos y todas quienes nos congregamos en el XV Encuentro Anual de la Corporación 3 y 4 Álamos-, la hija de Nieves Ayress Moreno, Rosita Victoria, junto a su nieta Carolina Nieves:
“Estoy profundamente emocionada de verlos juntos, reunidos para celebrar no sólo su amor, sino su resiliencia y su derecho a existir plenamente en esta vida.
Los amo a todos. Gracias por ser imperfectos y completos a la vez; por enseñarme que amar a la familia también es un acto político, que defender la dignidad es una forma de resistencia, y que la esperanza se construye incluso cuando el mundo que nos tocó fue roto por la violencia y el exilio.
Su amor, la manera en que se cuidan, se sostienen y se eligen, ha sido la lección más grande de mi vida. Aunque estemos dispersos en distintos países, separados por fronteras que no elegimos, siempre pienso en su compromiso mutuo y en cómo, día tras día, se acompañan para no olvidar quiénes somos ni de dónde venimos.
Los amo profundamente. En todos nosotros, sus sobrinos y sobrinas, nietos y nietas, vive su amor, su memoria y su lucha. Somos prueba de que su historia no terminó con el exilio: sobrevivieron, resistieron y hoy seguimos amando por ustedes y con ustedes”.
