Una niña cantando, una ciudad que respira. No hay alivio pero al menos consuelo. Por las palomas que faltan. Se las llevaron y todavía no vuelven. Como tantas personas en Chile. Por eso cantamos. Para reparar “El Vuelo” en San Joaquín.
Para elevar un sentido homenaje a las 78 víctimas de violaciones a los derechos humanos durante la dictadura civil militar. Profundo y fraterno. Para resarcir el acto de vandalismo que sufrió el Memorial que también nos recuerda a Ana González y su familia.
Su vida, su buen ejemplo y cariño.
El cariño vecino y prójimo. Los vecinos que asistieron. La calle entrelazada por música y sentimientos. De respeto y gratitud. Por la voz de Ana González en cada esquina. En cada ciudad de Chile a través del canto popular.
Por la memoria que nos sostiene.
También nos sostenemos en la profunda convicción por la vida. Por eso cantamos. Es un canto popular. Una canción ciudadana. Un deseo de justicia que nace y crece en Santa Rosa con Sebastopol. Luego se extiende, comparte y ensancha un corazón latiendo.
Por eso nadie olvida. Somos de un Chile profundo. Siempre estamos por la vida.
Y también estamos por la justicia. Para reparar el memorial dañado. También la memoria lastimada. Para que regresen las tres palomas que se llevaron. Para que nunca más en Chile sea preciso preguntar “¿dónde están?”.
Estamos todos y todas. Como en Santa Rosa con Sebastopol. Como en cada esquina de Chile estamos esperando.
Esperamos justicia.
Mientras tanto cantamos y reparamos. Paloma por paloma. La primera por memoria, la segunda por libertad, por dignidad humana la tercera, la cuarta por respeto a la vida.
Por aquellas palabras de Ana González en sus memorias inéditas: “Porfiadamente seguiré viviendo”.
De eso no hay duda ni olvido. Hay calle y convicción. Más un profundo amor por la vida y una niña cantando, una ciudad que respira y sigue. Nada está perdido. Todo empieza por la unidad.


