Peligroso es el olvido. Mucho más cuando hablamos de la defensa permanente de los derechos humanos. Peligroso también relativizar la memoria. Especialmente cuando se trata de criminales privilegiados.
Por eso tiene sentido el fin de Punta Peuco como centro exclusivo para violadores de los derechos humanos durante la dictadura civil militar. Nació en medio de la polémica durante el gobierno de Eduardo Frei Ruiz-Tagle –con renuncia de Ricardo Lagos incluida–, y se prolongó en el tiempo pese a los esfuerzos de la sociedad civil y de las organizaciones de derechos humanos por cerrarlo.
Muy propio de la llamada “transición chilena a la democracia”, donde situaciones como “el boinazo” o “los ejercicios de enlace” ayudaron a Pinochet a mantener –para él y los suyos– una serie de privilegios en impunidad. Y pese a que el tiempo pasó, cambiamos de siglo, de gobiernos y hasta de perspectivas, siguió existiendo Punta Peuco como centro de reclusión “especial”.
Hoy no tiene sentido, sobre todo en un país hastiado de sectores privilegiados. Como tampoco tiene sentido seguir con eufemismos. Punta Peuco es una cárcel para quienes violaron a mujeres, a otras las asesinaron estando embarazadas, raptaron hijos, aplicaron torturas y cometieron delitos de lesa humanidad. Por cierto, también suman cientos los casos de detenidos desaparecidos que fueron lanzados al mar, negando a sus familiares cualquier posibilidad de encontrar sus cuerpos.
En contraste, en lugares como Tres y Cuatro Álamos se vivió el horror de la represión. Allí, miles de prisioneros y prisioneras políticas fueron sometidos a aislamiento, interrogatorios y torturas. Eran sitios de tránsito y detención clandestina, donde se quebrantó la dignidad humana en su forma más brutal. En esos espacios, hoy declarados Sitios de Memoria, se testimonia lo que significó el aparato represivo del Estado: la violencia sistemática contra quienes pensaban distinto.
Por eso y mucho más Punta Peuco es una cárcel y como tal debe ser considerada. Más todavía cuando en Chile la sobrepoblación penitenciaria es un problema endémico y la demanda por más centros de reclusión es unánime.
Por lo mismo resulta un avance significativo que Punta Peuco sea considerada como una cárcel en todo sentido, albergando a otros criminales como los que ya están. A fin de cuentas, en Chile todos y todas somos iguales ante la ley. Un sustento básico de todo Estado de Derecho. Sin excepciones, pactos ni privilegios.